martes, 6 de diciembre de 2011

Tema 11. Vías urinarias. Eliminación de la orina.

      El proceso de formación de orina es un proceso continuo. Esta orina formada va a pasar desde la pelvis renal a la vejiga a través de los uréteres. Estos uréteres poseen musculatura lisa dispuesta en haces. La orina es llevada desde el riñón a la vejiga mediante contracciones peristálticas de la musculatura de los uréteres. Estas contracciones peristálticas ocurren de una a cinco veces por minuto de tal modo que la orina entra en la vejiga con cada contracción peristálticas. En los uréteres no hay esfínteres pero los uréteres tienden a mantenerse cerrados (exceptuando patologías) excepto durante cada onda peristáltica. Por esto el reflujo de orina desde la vejiga a los uréteres no existe.

    
     La vejiga posee también músculo liso dispuesto en haces, al igual que en los uréteres. El músculo de la vejiga se llama detrusor y su contracción es la causa principal del vaciamiento de la vejiga durante la micción. Pero la vejiga presenta dos esfínteres. Uno es el esfínter ventral interno y otro es el esfínter uretral externo que ya está situado en la uretra. A medida que el líquido penetra en la vejiga la presión en ella aumenta pero por ser músculo liso la presión va a volver prácticamente a su punto primitivo hasta que llega un momento en el que el volumen determinado intravesical (400 ml), la presión se dispara y por lo tanto sufre un incremento rápido, se sienten contracciones de tipo doloroso y tiene lugar la micción. 
       Este es un acto involuntario en niños y en ciertas enfermedades pero en adultos se inicia voluntariamente porque en la vejiga existen unos receptores de distensión, receptores que a través de unos nervios llevan los estímulos desde la pared vesical a la médula y de ahí a centros nerviosos superiores. Hay una gráfica que relaciona el volumen intravesical con la presión intravesical y que se llama citometrograma. 
    Cuando la vejiga se va llenando aparecen muchas contracciones miccionales dolorosas. Estas contracciones son producidas por el reflejo de distensión iniciado en los receptores sensitivos de distensión de la pared vesical. Las señales generadas en estos receptores llegan a los segmentos sacros de la médula (S2 y S3) a través de unos nervios, los nervios pélvicos, para volver a la vejiga de forma refleja por fibras nerviosas parasimpáticas. Si la vejiga está parcialmente llena las contracciones miccionales se relajan espontáneamente; el músculo detrusor deja de contraerse. Pero a medida que la vejiga se va llenando estos reflejos se hacen más frecuentes y provocan contracciones mayores del músculo de la vejiga.  
    Además, una vez desencadenado el reflejo de la micción este reflejo es autogenerado, lo que quiere decir que cada vez es más intenso. Pero después de cierto tiempo este reflejo autogenerado se fatiga, cesa el ciclo de autogeneración y la vejiga se relaja. Cuando el reflejo de la micción alcanza una potencia suficiente el mismo provoca otro reflejo que va por los nervios pudendos y este reflejo va al esfínter externo, inhibiendo el esfínter y si esta inhibición es más potente a nivel del encéfalo que las señales voluntarias de contracción del esfínter, se produce la micción (en niños o determinadas enfermedades). 
     Pero este reflejo de micción que va por los nervios pudendos puede ser inhibido o facilitado por los centros encefálicos. Estos centros encefálicos tienen varias funciones sobre la micción: 
  1. Mantener inhibido parcialmente el reflejo de la micción salvo que deseemos realizarla. 
  2. Pueden evitar la micción incluso en presencia del reflejo manteniendo el esfínter externo contraído. 
  3. Cuando llega el momento adecuado estos centros pueden facilitar la micción. 
             
   
   Por lo tanto, en la micción voluntaria que está controlada por impulsos corticoespinales, los reflejos espinales básicos sufren una facilitación y al mismo tiempo se contraen voluntariamente los músculos abdominales penetrando en la vejiga una nueva cantidad de orina. Esto estimula a los receptores y, por lo tanto, se excita el reflejo de la micción y al mismo tiempo se inhibe el esfínter uretral externo y la orina sale.
      Por lo tanto la micción voluntaria la situamos en una capacidad aprendida para mantener el esfínter uretral externo en estado de contracción. Pero no solo es aprendida sino que es también condicionada; después de la micción la uretra femenina se vacía por gravedad pero la orina que permanece en la uretra masculina tiene que ser expelida y es expelida mediante contracciones del músculo bulbouretral (no se vacía por gravedad).

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